El problema típico: la nave está legal, la instalación no
Es la situación que más nos encontramos en las explotaciones de la provincia. Alguien construyó la nave o la caseta con su licencia municipal de obras en regla, y hasta ahí todo correcto. Pero dentro se montó un cabezal de riego, una cámara frigorífica o un cuadro eléctrico de cierta entidad, y esa instalación nunca llegó a inscribirse ante la Delegación Territorial de Industria.
El resultado es una explotación que funciona con normalidad durante años y que, sobre el papel, está a medias. La obra tiene su expediente municipal; la instalación no tiene expediente autonómico. Son dos administraciones distintas y dos trámites distintos, y resolver uno no resuelve el otro.
Esto no suele ser negligencia. Pasa porque el que instala el cabezal es un especialista en riego, el que monta la cámara es un frigorista y el que tira los cables es un electricista: cada uno hace bien su parte, pero nadie asume el expediente que une todo eso y lo presenta ante Industria.
Las tres instalaciones que más nos llegan sin legalizar
1. El cabezal de riego y la fertirrigación
Es la más frecuente en la zona de frutos rojos. Una sala de riego concentra filtrado, bombeo, inyección de abonos y automatismos, y a menudo se ha ido ampliando por fases: primero se pusieron los filtros, más adelante la fertirrigación, después se cambiaron las bombas. Cada ampliación se hizo sin tocar el papeleo.
Lo relevante aquí es que un cabezal moderno arrastra una instalación eléctrica de baja tensión que no es menor: bombas, variadores de frecuencia, programadores y cuadros de maniobra. Esa parte eléctrica es la que tiene que estar inscrita, con su certificado de instalación emitido por empresa instaladora habilitada.
2. Las cámaras frigoríficas y de maduración
En centrales hortofrutícolas y en explotaciones que se han integrado hacia la manipulación, la cámara de frío suele ser la instalación con más carga reglamentaria de toda la finca. Las instalaciones frigoríficas tienen su propio reglamento de seguridad, con clasificación por tipo de refrigerante y por carga, y según en qué nivel caiga la instalación el expediente exige proyecto técnico y no solo memoria.
Añadimos un matiz que se pasa por alto a menudo: ampliar una cámara existente o cambiar el equipo por otro con distinto refrigerante puede recategorizar la instalación entera y obligar a rehacer el expediente.
3. La baja tensión de la nave
Naves de aperos que empezaron guardando maquinaria y que hoy alojan una línea de manipulado, una cámara y una oficina. La potencia instalada ha ido creciendo y el boletín original, si existe, describe una instalación que ya no se parece a la real.
Un caso real: sala de riego para 22 hectáreas en Moguer
Lo ilustramos con un proyecto propio. Una explotación intensiva de frutos rojos en Moguer necesitaba centralizar el riego y el abonado de 22 hectáreas de cultivo. El encargo eran en realidad dos trabajos coordinados: levantar el edificio que iba a alojar el cabezal, y legalizar la instalación que iba dentro.
La parte difícil no fue la constructiva. La finca está en suelo no urbanizable de especial protección (Zona C del POTAD), donde solo se permiten edificaciones al servicio de la explotación agrícola y con un límite estricto de ocupación. Hubo que justificar que la sala de riego era una instalación inequívocamente vinculada a la actividad. Con sus 90 m², la ocupación total de la finca quedó en torno al 1%, muy por debajo del límite.
Después vino la instalación: un cabezal dimensionado para las 22 hectáreas, con batería de filtros de arena, colectores de polietileno bridados y válvulas hidráulicas de regulación, más la fertirrigación asociada. Proyecto visado en el COITI de Andalucía Occidental en 2021. La sala está construida y en uso.
Puedes ver el detalle técnico completo en la ficha del caso: sala de riego para frutos rojos en Moguer.
Qué te juegas si no la legalizas